;MORIR LENTAMENTE
Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no se arriesga a vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.
Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú.
Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las íes a un remolino de emociones: justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.
Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida huir de los consejos sensatos.
Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.
Muere lentamente quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.
Muere lentamente quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, no preguntando
de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.
¡Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar!
lunes, 19 de marzo de 2012
sábado, 3 de marzo de 2012
La vida
En la vida existen esos momentos,
cuando extrañas mucho a una persona, que quisieras sacarla de tus
sueños y abrazarla muy fuerte!
Cuando se cierra una puerta hacia a
felicidad, otra se vuelve a abrir, pero nosotros seguimos mirando
hacia la puerta cerrada y no le damos importacia a esa que hemos
abierto nosotros.
No te guies por la parte externa, puede
engañar.
No te intereses por la riqueza, se
desvanecerá busca alguien que te contagie la sonrisa, por que basta
solo una para que el día mas triste se vuelva mejor.
Busca a alguien que haga reir a tu
corazón.
Sueña eso que queres soñar, ve allí
donde quieres ir.
Busca ser eso que quieres ser.
Por que la vida es una sola y existe
solo una posibilidad de hacer las cosas que quieres hacer.
Te deseo mucha felicidad en tu vida,
para sentirte bien tantas pruebas, para que te vuelvas fuerte
lagrimas para volverte humano esperanza para poder ser feliz.
Los afortunados no necesariamente
tienen lo mejor de lo mejor solo buscan lo mejor de aquello que
encuentran en su camino.
El mas esplendido futuro va a depender
siempre de la necesidad de olvidar el pasado.
No puedes seguir adelante en la vida
hasta que no superes los errores del pasado y todo lo que te lastime
tu corazón.
Cuando sos pequeño lloras y todo a tu
alrededor sonrie vivi la vida hasta el final de las cosas de manera
que siempre sonrrias aunque otros lloren
jueves, 1 de marzo de 2012
DOS PERSONAS DENTRO DE UNA "
Escrito por: Miguel Angel el 06 Feb
2008 - URL Permanente
Dos personas, doble personalidad (no,
quizás no sería el término correcto), mi “yo interior” y mi
“yo exterior” (esto ya me va gustando más), “mi verdadero yo”
y “el yo que se quiere demostrar”, “mi “yo difícil de
conseguir” y “mi yo fácil de conseguir”, “yo” y mi “ego”,
es definitiva………….”yo” y “el Dios que cada uno llevamos
dentro”.
Todos, y vuelvo a insistir,
absolutamente toda el mundo, tenemos este doble carácter o esta
capacidad de ser, para bien o para mal, para amar al prójimo
desinteresadamente o para amarlo interesadamente, o incluso odiarlo.
¡Ojo!, no nos confundamos con la
depresión bipolar. Eso es algo, digamos un poco más moderno, de
expresar una determinada patología específica de algunas personas.
O somos los más felices del mundo o somos los más infelices del
mundo, es cuestión de poco, muy poco tiempo. De esto no te estoy
hablando.
Lo que quiero comunicarte y
recomendarte, afecta a todos, en cada momento de la vida, en cada
situación, en cada pensamiento, en cada conversación, en la forma
de ver la vida…… en cada instante. El día está soleado, pero
son tus ojos son quien ve el día soleado o nublado. El día está
nublado, pero eres tu quien lo ve soleado o no. El verdadero mundo no
está ahí fuera, está en ti.
El mundo externo, digamos tu yo
superficial, tiene millones de caras. A cada uno le da de una forma,
muy, muy específica, por el lado más débil, que no quiere decir
menos intenso. A los que tenemos cierta debilidad por entrar en
depresión, nos da por la tristeza, porque nadie me comprende, nada
tiene solución, soy un incomprendido, tengo que ir “fuera” a que
me solucionen esto, tengo ganas de suicidarme…….etc, etc, etc.. A
otros les da por ansiedad y tienen que apagarla de alguna manera
(alcohol, drogas, deporte extremo, sexo, stress…..), a otros por
agobiar a la gente que tiene alrededor (ellos tienen la culpa de todo
lo que me pasa), otros adoptan “otra máscara” y “se creen”
los más graciosos del mundo, los más inteligentes del mundo, los
más tristes del mundo, los más perfectos en algunas cosas…..
tienen que llamar la atención de alguna forma, no paran de ver todo
lo superficial y maravilloso que tienen las cosas superficiales de la
vida (sin pensar profundamente en ningún momento, claro. ¿Para qué
tanto pensar, entretente con alguna cosa, pensarás o escucharás)…….
Si tomas este último camino, que es en
el que se encuentra o preferimos tomar la mayoría de la gente, te
podrá ir mejor, peor, mal, bien, según lo veas y según el nivel de
conciencia que tengas, o al más bien…que quieras llegar. A mí,
que quieras que te diga, me va mal, muy mal, tremendamente mal, por
este camino. Puedes, también incluso tener o tomar un camino
intermedio, pero claro, este es formado o auto creado, porque en
ningún momento actúas con naturalidad, y en unas ocasiones te vas
para un lado y en otras te vas para el otro. Yo he vivido cuarenta
años así, y me he….cansado….prefiero ser sincero conmigo
mismo…….o estoy mal (sinceramente conmigo mismo y lo acepto) o
estoy muy bien (sinceramente conmigo mismo y lo disfruto) y se que
algún día veré las cosas tal y como son, ni blancas y negras, sino
grises y de forma natural (poco a poco lo voy consiguiendo). Pero
este gris que veo, te vuelvo a insistir, ya es real,…. sincero. De
la otra forma, puedes vivir así toda tu vida, tenderás a ver unas
veces las cosas blancas, siempre de forma forzada y no sincera, otras
tenderás a ver las cosas negras, siempre de forma forzada y no
sincera, la mayoría de las ocasiones verás las cosas grises,
siempre de forma forzada y no sincera,…. pero nunca conocerás “la
vida tal y como es…….sencilla".
CUANDO HAS CONOCIDO EL OTRO CAMINO, EL
BUENO ME REFIERO, TIENES CLARO QUE POR EL OTRO NO VAS BIEN, AUNQUE
ESO SÍ, ESTA ES…………………” ES LA FORMA MÁS SENCILLA DE
VIVIR”.
El otro yo, tu verdadero yo, quieras
creértelo o no, es muy distinto, y muy parecido, por no decir igual
a todo el mundo. “TODOS LLEVAMOS A DIOS DENTRO DE NOSOTROS”. ¿
Que quién es Dios…..mejor eso te lo comento en otro momento….pero
seguro que lo intuyes?. Todos tenemos en la cabeza un continuo
diálogo superficial “extremo” de ideas o pensamientos, o uno
“muy estable y positivo” mucho más pacífico que el anterior.
Por eso si vives de la primera forma, el corazón te late más
deprisa, por eso de la segunda forma el corazón te late más lento,
por eso de la primera forma tomas menos oxígeno de la vida y te
cabreas más, por eso de la segunda forma tomas más oxígeno de la
vida y las cosas son más sencillas y felices, por eso de la primera
forma enfermas más (mental y físicamente), y por eso de la segunda
forma enfermas menos a todos los niveles……
Cuando has conocido a este yo interno
que te digo, se te va a escapar varias veces en tu vida, MUCHAS
VECES, tendrás fallos, te descuidarás, pero eso si, siempre
terminarás por volver a buscarlo porque ya no te sientes bien de la
otra manera, es más, te sientes muy mal porque ya te habías
acostumbrado a lo bueno, a lo maravillosa que puede ser la vida.
Es decir, mensaje a todos los propensos
a depresión: ¡HAY QUE LUCHAR!. Pero hay veces y…… veces. Tú ya
me comprendes. A veces podrás tapar un agujero del barco por donde
entra agua, otras podrás tapar dos, tres, cuatro incluso cinco,
pero……….solo tenemos dos brazos, y hay veces, que es mejor
agachar la cabeza y esperar a que pase todo. Mañana será otro día.
En estos momentos no te obsesiones por nada. Ni con el yoga ni nada.
Cuando no se puede, no se puede. Pero no confundas esto, con
abandonar a la más mínima.
Si amigo. Esto es así. Te lo dice
alguien que no tiene ningún diploma, título médico, sí de otras
cosas, y muchos pero que no tienen nada que ver con lo que te estoy
hablando. No tengo algo que seguro que me pides para certificártelo
y firmártelo, pero es así.
Y estas dos formas de ver la vida,
pueden estar más o menos separadas según tu estado emocional o
psíquico, pero te pasa. Como dice mi maestro, unos estás en la
montaña a cien metros de altitud, a mí me dice siempre que estoy a
“menos cien metros de altitud” (me cabrea pero lo mejor es
reconocerlo). Tienes que llegar arriba, a la cima de la montaña, no
como un objetivo, sino para ver las cosas desde arriba, que se ven
mucho mejor y en su totalidad, es decir….. elevar tu conciencia.
La mayoría se conforman con esos más
cien metros, pero cuando estás en depresión, no te queda otra;
ESCALAR. Pero cuando escalas, superas con creces esos “más cien
metros de altitud”.
Es decir, como sé que la distancia es
tremenda entre una y otra, he intentado buscar veinte mil cosas,
experimentar con un montón de cosas y sólo he llegado a una
convicción, que precisamente es la que más te cuesta (en cierta
medida según lo veas, para lo que obtienes a cambio), pero es la que
más te acerca a ese yo profundo del que te hablo. Amigo, si estas
palabras te suenan, te aconsejo seguir mi camino. Cambia cuando antes
porque de las otras formas te seguirás pegando tortazos por la vida,
pero claro, la intensidad del cambio que tomes, será directamente
proporcional a esos tortazos que recibas. Es decir, según sufras,
evolucionarás más o menos, por obligación, porque vuelvo a decir,
no te queda otra.
Y-O-G-A. Simplemente esto y como si
fueses un drogadicto; a una dosis diaria, y si puede ser un poquito
más mejor, pero claro, viviendo el mundo occidental, teniendo una
familia cuidar y haciendo una vida lo más normal posible, pero
teniendo claro que la base del día son estas cuatro letras, de hecho
tiene que ser lo primero que hago por la mañana para encontrarme el
resto del día con “el yo profundo”. Te ayudan muchas otras
cosas: alimentación, ejercicio, amigos, libros, otras alternativas
de salud alternativa….., pero la base tiene que ser el yoga.
Cuesta, a veces cuesta mucho, pero no tengo otra. Y te recuerdo lo
que te decía antes, cuando los tortazos “te tumben”, no luches
más de la cuenta. A veces es preferible perder una batalla, para
ganar una guerra.
Puedes probarlo si quieres, no te
impongo nada, simplemente experimenta. Existen un montón de tipos de
yogas, no te pienses que solo hay uno. Busca información, hay
muchísima. A mí el que mejor me va, es el “Yoga Integral”, pero
a ti te puede ir mejor otro, vuelvo a insistir………, prueba. Eso
sí, pon de tu parte, necesita su esfuerzo, pero los beneficios son
muchos, TE LO ASEGURO.
Pero recuerda: no es una pastilla
mágica que te la tomas un día y ¡ZAS!, todo es maravilloso. Es
algo constante, que se tiene que convertir poco a poco en algo que
incorpores a tu vida. Simplemente todos los días, duermes, comes,
respiras y……haces yoga. Debe ser algo más en tu vida cotidiana.
El otro yo, te dirá mil millones de
millones de veces, que lo dejes, que no vale la pena tanto esfuerzo
(porque claro, te lo estás cargando y tiene que defenderse), y
encima son los primeros pensamientos que te vendrán a la cabeza. Si
les haces caso, ese día “harás triunfado” (te dirá), ¡por fin
puedes vivir sin esfuerzo!, pero al día siguiente ya está la cosa
un poco peor, pero el te dirá nuevamente “¡no pasa nada, sigue
así!”, y cuando te vienes a dar cuenta, VUELVES A VER EL DÍA
OSCURO, Y CADA VEZ MÁS Y MÁS OSCURO, HASTA QUE LLEGA UN MOMENTO QUE
VUELVES A NO VER NADA. ABSOLUTAMENTE NADA.
¿Y CUAL ES LA SOLUCIÓN?. No valgo
para nada, me tendré que acostumbrar a ver la vida así, cada uno es
como, es y hay que aceptarlo, iré a más médicos,……..IDIOTECES
.Vuelve a tomar el camino del yoga y ya has aprendido otra
experiencia más. Habrás subido un piso más. Pero igual que te digo
esto, también te digo que si estás con medicación, ¡OJO!, una
cosa no quita la otra. Toma la medicación que necesites, porque si
reduces más de la cuenta, NO PODRÁS HACER YOGA………y ahí te
estarás equivocando “doblemente”. No te preocupes, “no des
pasos más largos de lo que la falda te permita”. Calienta la
habitación; poco a poco y con poco esfuerzo, te irás quitando toda
a ropa que llevas encima, sin darte cuenta. No te confundas, no te
digo que no vayas a médicos, pero sí te digo que no vayas a muchos.
Se inteligente, y combina lo mejor de la medicina oriental y
occidental.
El resto de cosas…….son
invenciones. La medicina actual (en todos sus ámbitos) que te puedes
aplicar, sobre todo en psicología que es el tema que nos preocupa,
tiene una antigüedad de unos cien o doscientos años, y te podrá
llevar un poco mejor tu ego, pero el yoga, que su antigüedad en de
unos cinco mil años más o menos, es el que te quita el ego y te
deja desnudo tal y como eres……….TU VERDADERO YO. Pero te vuelvo
a insistir, poco a poco,……. no te precipites. El yoga te curará
a medio-largo plazo, pero la medicina actual es lo que va llevando a
corto plazo. No hagas locuras, y si en algún momento tienes que
tomar más medicación o necesitas más medicina, no te preocupes, te
vuelvo a insistir: MEJOR ES PERDER UNA BATALLA……..QUE NO LA
GUERRA.
Se inteligente y “combina” ambos
caminos, tendiendo al segundo. Pero sobre todo, te insisto, tiende al
segundo. Cuesta, al principio cuesta, pero llegará un momento en que
lo hagas solo. Recuerda cuando aprendiste a conducir, y como conduces
ahora.
Todo esto te lo digo desde lo más
profundo de mi corazón, porque se que hay mucha gente que habrá
leído esto y estará buscando una salida desesperadamente. Yo
simplemente te he aconsejado la que he encontrado o descubierto como
mejor, pero tú eliges. Groucho Marx decía: “me gustan mis
errores, no quiero renunciar a la deliciosa libertad de equivocarme”.
Pero también te digo que con el yoga
pasa lo siguiente:
“Repite un acto y tendrás un hábito,
repite un hábito y tendrás una costumbre, repite una costumbre y
tendrás un carácter, repite un carácter y tendrás un destino"
( Sivananda).
lunes, 27 de febrero de 2012
1.- Yo soy ateo, gracias a Dios (Luis
Buñuel).
2.- El arte es una mentira que nos
permite darnos cuenta de la verdad (Picasso).
3.- Mi holgazanería no me deja tiempo
para nada (Alphonsa Allais).
4.- De todos los libros del mundo el
que debería ser prohibido antes que ningún otro es el catálogo de
los libros prohibidos (Lichtenberg).
5.- La cosa más incomprensible del
universo es que al final resulta compresible (Einstein).
6.- Muchísimos son liberales para
todas las libertades ya adquiridas y formidables conservadoras para
las que aún hay por adquirir (Stephen Jay Gould).
7.- Este principio es tan general que
no es posible aplicarlo a ningún caso particular (George Polya).
8.- Reflexiona antes de pensar.
9.- Por muy bajo que hable siempre me
oigo.
10.- Asistimos a un encierro bastante
abierto.
11.- Si nos encuentran estaremos
perdidos.
12.- Los fuegos artificiales eran muy
naturales.
13.- El sexo fuerte es generalmente el
sexo débil debido a la debilidad que siente el sexo fuerte por el
sexo débil (Platón).
14.- La inmensa mayoría de los hombres
honrados son la inmensa minoría.
15.- Si yo pudiera hablar mal de todo
el que se lo merece, tendría que estar siempre callado.
16.- Parece imposible, pero la política
es el arte de lo posible
17.- El dinero no es lo más
importante, cuando tienen millones.
18.- La vida fácil puede ser la vida
más difícil.
19.- No hay nadie que pueda probarme
que la muerte es mala.
20.- Como Dios no exista estamos
apañados. Pero anda que como exista...
21.- Nunca discutas con alguien a quien
puedes convencer. Jamás te lo perdonará.
22.- Cuando se te queda la mente en
blanco lo ves todo negro.
23.- A los violentos había que
matarlos a palos.
24.- Por lo general, las chicas malas
suelen ser la las que están más buenas.
25.- A todos nos sobra valor para
reconocer que somos unos cobardes.
26.- El dinero sólo sirve para todo.
Pero nada más.
27.- Parece imposible, pero la política
es el arte de lo posible.
28.- Mucho mejor que arrepentirse es no
tener que arrepentirse.
29.- Todo el mundo parece bueno,
excepto la mayaría.
30.- Ya nadie va ese lugar, está lleno
de gente.
31.- Siempre se llega tarde. Y sólo
cuando crees haber llagado a tiempo, ya es demasiado tarde.
32.- Lo importante es saber perder.
dicen los que no saben ganar.
33.- Conservar la salud merced a un
régimen severo constituye una verdadera enfermedad.
34.- La muchacha inteligente frente a
dos males elige el más rico.
35.- En el mundo hay tres clases de
personas: las que saben contar y la que no.
36.- ¡Cuánta veces por callarnos
metemos la pata!
37.- El que dice todo lo que piensa,
piensa muy poco lo que dice.
38.- Tengo una memoria estupenda para
la política. No recuerdo nada de lo que ocurrió el año pasado.
39.- El sabio no dice todo lo que
piensa y piensa todo lo que dice.
40.- Eso de que nada en el mundo es
verdad, es mentira.
41.- Yo solía ser un indeciso, pero ya
no estoy seguro.
42.- El hombre es libre cuando empieza
a decir que no.
43.- El mundo está loco por culpa de
los cuerdos.
44.- Mas de uno le debe su éxito a su
primera esposa, y su segunda esposa a su éxito. (Jim Backus).
jueves, 9 de febrero de 2012
El Arte De Comer Para Vivir
lgunas personas ignoran consejos
para reducir el consumo de productos animales, quizás con la esperanza de que
aparezca una “píldora mágica”. Pero la prevención sigue siendo la mejor
medicina. Existen maneras maravillosas de satisfacer el paladar sin perjudicar
nuestra salud.
|
“¿Qué opina de la dieta Atkins
y otras dietas basadas en la carne?
”Las llamo “las dietas para enfermarte”, porquecausan que el cuerpo adquiera el estado dequetosis, que ocurre cuando estamos seriamente enfermos. Otra motivo por el que uso esta designación es que los alimentos recomendados por estas dietas—carne, pollo, tocino, huevos y queso—son las comidas que, según la Asociación del Corazón y la Sociedad Contra el Cáncer, causan nuestras enfermedades más temidas … Existe sólo una manera de satisfacer nuestro apetito y, a la misma vez, mantenernos en forma y saludables de por vida: una dieta vegetariana baja en grasas. Frutas, vegetales y un poquito de ejercicio es todo lo que necesitamos. PREGÚNTALE A LOS EXPERTOS: Dr. John McDougall, director médico del Programa McDougall |
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“¿El pescado no es sano?”
La carne de los peces puede acumular toxinas hasta nueve millones de veces más concentradas que la de las aguas en las que viven. Además, la carne de algunos animales marinos como los camarones y los moluscos contienen más colesterol que la carne. Según los Centros Para el Control y Prevención de Enfermedades, 325,000 personas se enferman y algunas mueren cada año en Estados Unidos por comer peces y otros animales marinos contaminados. PREGÚNTALE A LOS EXPERTOS: Dr. Neal Barnard, autor de Foods That Fight Pain |
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“Los vegetarianos tienen la
mejor dieta y los menores índices de enfermedades coronarias de cualquier
grupo en el país … tienen sólo una fracción de los índices de ataques al
corazón y tan sólo un 40 por ciento del índice de cáncer. En promedio, hoy en
día viven aproximadamente seis años más que las demás personas”. —Dr. William
Castelli, director del Estudio Cardíaco de Framingham
|
Una operación de desviación coronaria (bypass) o una sesión de quimoterapia son mucho más incómodas y difíciles que cambiar tu dieta. Ser vegetariano es lo mejor que puedes hacer por tu salud.
• El veganismo automáticamente elimina el colesterol, ya que el colesterol dietético solamente se encuentra en los productos animales.
• Los vegetarianos son, en promedio, un 10-30 por ciento más livianos que los carnívoros.
• La alta presión arterial y los cánceres del seno, colon y próstata son mucho más comunes entre los carnívoros que entre los vegetarianos.
• La carne, los productos lácteos y los huevos no tienen fibra ni complejos carbohidratos (¡cero!).
¿Y las proteínas?
En los países occidentales, nuestro problema no es la falta, sino el exceso de proteínas. La mayoría de los estadounidenses consume el doble de proteínas necesarias. Casi todos los alimentos contienen proteínas, y es casi imposible ingerir las calorías necesarias para la buena salud sin recibir suficientes proteínas. Fuentes saludables de proteínas incluyen pan, avena, frijoles, nueces, arvejas chícharos), hongos, tofu y brécol. Demasiada proteína puede causar la excreción de calcio a través de la orina, exigiendo a los riñones y aumentando el riesgo de osteoporosis. Las enfermedades renales son mucho más comunes entre aquellos que comen carne que entre los veganos, y un consumo excesivo de proteínas también ha sido ligado a los cánceres de
miércoles, 28 de diciembre de 2011
La Navidad de un perrito abandonado
Era el primer domingo de Adviento, y yo me pregunté si era verdad lo que estaba viendo: el automóvil se detuvo, se entreabrió una puerta trasera y alguien hizo bajar a un perrito muy inquieto. ¡Bajate, Pulquete!, ordenó una voz desde el interior. El pobre animalito quedó desconcertado cuando el automóvil se alejó a toda velocidad. Me partió el corazón verlo correr desesperado detrás del vehículo.
Pulquete tendría unos seis o siete meses; menudito, de patas largas y pelo corto color de canela, exhibía una oreja negra de llamativo contraste. No volví a verlo hasta mucho después, pero imagino que esa noche, agotado y tembloroso, durmió acurrucado en el primer agujero que encontró. Por la mañana comenzó a buscar a sus dueños. Ese día no comió y apenas bebió un poco de agua estancada. Los días y las noches se le hacen interminables. A las dos semanas está flaco y decaído, aunque se lo puede reconocer fácilmente por su orejita negra. Como es muy joven comienza a olvidar a quienes lo arrojaron a la calle. Tal vez recuerda vagamente un patio soleado donde retozaba despreocupado. No sabe qué le pasa, pero tiene hambre y mucho miedo porque otros perros callejeros lo corren, la gente lo echa de las veredas y cuando cruza las calles, unos artefactos rugientes se le vienen encima.
Pero a pesar de todo, Pulquete siente una irresistible atracción por las personas. Cuando descubre que alguien lo mira compasivo, se le acerca tímidamente con la cabeza gacha y ojos que imploran una caricia. Pero, invariablemente, esa persona que se detuvo misericordiosa endurece la mirada y sigue su camino, no vaya a ser que el pobre animal se le adose y la siga.
Diez días después de presenciar aquel acto incalificable, nuestro perro Budy, un maravilloso lanudo grandote y bonachón, de cuatro años de edad, se nos escapa, asustado por los cohetes, y se pierde. Lo buscamos días enteros por el barrio y por las calles de la ciudad, pero nuestro querido Budy no apareció.
Tomás, nuestro hijo de ocho años, estaba desconsolado; nunca lo habíamos visto tan afligido. Se acercaba la Navidad y todo hacía presagiar que la íbamos a pasar con mucha tristeza.
Budy se había alejado mucho de su casa. Cuando se le pasó el susto intentó regresar, pero caminó en sentido contrario y terminó en un mundo desconocido y ruidoso: el centro de la ciudad.
Durante días y noches corrió desesperadamente buscando a su familia, hasta que el desaliento y el cansancio detuvieron su atolondrada carrera. Su mirada vivaz se apagó y su abundante pelaje pronto fue una maraña sucia y enredada.
Un día que llovía copiosamente el pobre Budy trotaba pegado a la pared buscando algún recoveco donde guarecerse cuando se topó con un cachorro flaco, asustado y empapado que se detuvo y lo miró con curiosidad. El debilucho Pulquete, al que ya se le contaban las costillas, y Budy, corpulento y greñudo, se quedaron estáticos bajo el aguacero observándose con expectación. Pulquete, con sus orejitas paradas, movió tímidamente la cola y Budy se le acercó para olerlo. Enseguida se hicieron amigos y ya no se separaron en su vagabundeo. El pequeño seguía al grande a todas partes, buscaban comida juntos y en las noches frescas se daban calor pegaditos uno con otro. Budy seguía con su idea fija de localizar su casa, obsesión que sólo olvidaba temporalmente cuando se divertía con Pulquete en el novedoso juego de perseguir automóviles y motocicletas
Llegó el 24 de diciembre. Hacía ya catorce días que se había perdido nuestro perro, y desde entonces Tomás casi no hablaba ni se interesaba por nada. Mi esposa y yo, preocupados por tan prolongada apatía, decidimos llevarlo a la Misa del gallo que se celebraba a las diez de la noche en la Catedral. No sé cómo se nos ocurrió la idea, pero esa misma noche, al terminar la ceremonia, cuando todavía vibraban en nuestros corazones los conmovedores acordes del Gloria in excelsis y los ángeles aún aleteaban sobre nuestras cabezas, comprobamos que aquella decisión no había sido casual.
Al salir de la iglesia fuimos rápidamente hasta nuestro auto para llegar cuanto antes a casa, donde nos esperaban los abuelos de Tomás para la cena de Nochebuena. Iba a poner el motor en marcha cuando Tomás sale de su mutismo y me dice:
Mirá, papá, ese pobre perrito, ¡qué flaco está!
Me fijo donde me señalaba mi hijo y reconozco al cachorro por su inconfundible mancha negra.
Pero si es Pulquete, el cachorro que tiraron a la calle desde un auto. ¿Te acordás que te lo conté? Fue antes de que se perdiera Budy. Qué desmejorado está, pobrecito.
Mirá como nos mira, papi, como si quisiera venir con nosotros...
No, Tomás..., no podemos...
Quiero acariciarlo papá, por favor... ¡Vení, perrito...!
Yo sabía que si Tomás acariciaba a ese cachorro tendríamos que llevarlo a nuestra casa.
¿Pero cómo negarle ese gesto de ternura después de lo que había sufrido? Nos miramos resignadamente con mi esposa y asentimos en silencio.
Tomás bajó del auto y acarició efusivamente al cachorro. Había que verlo a Pulquete, estaba loco de alegría, movía la cola, le lamía las manos y la cara, saltaba feliz, se tiraba panza arriba.
Papá, está hambriento, tenemos que darle de comer.
Está bien, subilo al auto que lo llevamos a casa.
Tomás, entusiasmado y feliz como no lo habíamos visto en semanas, trató de inducir al cachorro a que subiera. Pero para nuestra sorpresa, Pulquete no avanzó. Se quedó parado expectante. Tomás insistió en llamarlo pero el perrito, lejos de subir al auto amagó con alejarse. Se puso a ladrarnos como si quisiera decirnos algo. Se alejaba de nosotros, se detenía y nos ladraba. Su comportamiento era muy extraño. Tomás intentó agarrarlo pero apenas se le acercó, el cachorro corrió para volver a detenerse y a ladrarnos varios metros adelante. Tomás quería ir tras él, pero se nos hacía tarde y no podíamos perder tiempo en los caprichos de un perro desconocido.
Dejalo, Tomás, es muy tarde, vamos a casa.
¡Papá, por favor...!
Subí, vamos a casa, está claro que no quiere venir con nosotros.
Puse el motor en marcha y Tomás se largó a llorar. Pulquete había vuelto a correr y ya había doblado la esquina.
Lo que sucedió a continuación todavía hoy nos emociona y no lo vamos a olvidar en nuestras vidas. El motor del auto se detuvo inexplicablemente y no hubo forma de hacerlo arrancar. ¿Qué pasó?, me dije inquieto, ¿Se habrá ahogado? Sí, seguro...; bueno, paciencia, tendremos que esperar un poco. Tomás lloraba en el asiento trasero y adiviné que mi esposa, con la cara vuelta hacia la ventanilla, también dejaba correr algunas lágrimas silenciosas.
En eso oímos unos ladridos familiares.
¡Papá, papá! gritó Tomás ¡Mirá! ¿Ese no es Budy?
¡Por el amor de Dios, sí, es Budy, es Budy! exclamó mi esposa
¡Era Budy ! Había reconocido el automóvil y venía corriendo desde la esquina a toda velocidad. Y detrás de él, ladrando entusiasmado, venía Pulquete, el cachorro abandonado que no quiso abandonar a su amigo y por eso había tratado de hacernos entender que debíamos esperarlo hasta que él lo fuera a buscar.
Y adivinen qué pasó cuando los dos perros estaban ya dentro de nuestro automóvil y todos llorábamos y reíamos de alegría: el motor arrancó apenas giré la llave. Fue como si algún ángel de Navidad, un ángel tal vez de los animales, ¿por qué no?, hubiera dicho con una dulce sonrisa: Bueno, ahora sí se pueden ir todos a casa a celebrar la Nochebuena"
Desconozco su autor
Era el primer domingo de Adviento, y yo me pregunté si era verdad lo que estaba viendo: el automóvil se detuvo, se entreabrió una puerta trasera y alguien hizo bajar a un perrito muy inquieto. ¡Bajate, Pulquete!, ordenó una voz desde el interior. El pobre animalito quedó desconcertado cuando el automóvil se alejó a toda velocidad. Me partió el corazón verlo correr desesperado detrás del vehículo.
Pulquete tendría unos seis o siete meses; menudito, de patas largas y pelo corto color de canela, exhibía una oreja negra de llamativo contraste. No volví a verlo hasta mucho después, pero imagino que esa noche, agotado y tembloroso, durmió acurrucado en el primer agujero que encontró. Por la mañana comenzó a buscar a sus dueños. Ese día no comió y apenas bebió un poco de agua estancada. Los días y las noches se le hacen interminables. A las dos semanas está flaco y decaído, aunque se lo puede reconocer fácilmente por su orejita negra. Como es muy joven comienza a olvidar a quienes lo arrojaron a la calle. Tal vez recuerda vagamente un patio soleado donde retozaba despreocupado. No sabe qué le pasa, pero tiene hambre y mucho miedo porque otros perros callejeros lo corren, la gente lo echa de las veredas y cuando cruza las calles, unos artefactos rugientes se le vienen encima.
Pero a pesar de todo, Pulquete siente una irresistible atracción por las personas. Cuando descubre que alguien lo mira compasivo, se le acerca tímidamente con la cabeza gacha y ojos que imploran una caricia. Pero, invariablemente, esa persona que se detuvo misericordiosa endurece la mirada y sigue su camino, no vaya a ser que el pobre animal se le adose y la siga.
Diez días después de presenciar aquel acto incalificable, nuestro perro Budy, un maravilloso lanudo grandote y bonachón, de cuatro años de edad, se nos escapa, asustado por los cohetes, y se pierde. Lo buscamos días enteros por el barrio y por las calles de la ciudad, pero nuestro querido Budy no apareció.
Tomás, nuestro hijo de ocho años, estaba desconsolado; nunca lo habíamos visto tan afligido. Se acercaba la Navidad y todo hacía presagiar que la íbamos a pasar con mucha tristeza.
Budy se había alejado mucho de su casa. Cuando se le pasó el susto intentó regresar, pero caminó en sentido contrario y terminó en un mundo desconocido y ruidoso: el centro de la ciudad.
Durante días y noches corrió desesperadamente buscando a su familia, hasta que el desaliento y el cansancio detuvieron su atolondrada carrera. Su mirada vivaz se apagó y su abundante pelaje pronto fue una maraña sucia y enredada.
Un día que llovía copiosamente el pobre Budy trotaba pegado a la pared buscando algún recoveco donde guarecerse cuando se topó con un cachorro flaco, asustado y empapado que se detuvo y lo miró con curiosidad. El debilucho Pulquete, al que ya se le contaban las costillas, y Budy, corpulento y greñudo, se quedaron estáticos bajo el aguacero observándose con expectación. Pulquete, con sus orejitas paradas, movió tímidamente la cola y Budy se le acercó para olerlo. Enseguida se hicieron amigos y ya no se separaron en su vagabundeo. El pequeño seguía al grande a todas partes, buscaban comida juntos y en las noches frescas se daban calor pegaditos uno con otro. Budy seguía con su idea fija de localizar su casa, obsesión que sólo olvidaba temporalmente cuando se divertía con Pulquete en el novedoso juego de perseguir automóviles y motocicletas
Llegó el 24 de diciembre. Hacía ya catorce días que se había perdido nuestro perro, y desde entonces Tomás casi no hablaba ni se interesaba por nada. Mi esposa y yo, preocupados por tan prolongada apatía, decidimos llevarlo a la Misa del gallo que se celebraba a las diez de la noche en la Catedral. No sé cómo se nos ocurrió la idea, pero esa misma noche, al terminar la ceremonia, cuando todavía vibraban en nuestros corazones los conmovedores acordes del Gloria in excelsis y los ángeles aún aleteaban sobre nuestras cabezas, comprobamos que aquella decisión no había sido casual.
Al salir de la iglesia fuimos rápidamente hasta nuestro auto para llegar cuanto antes a casa, donde nos esperaban los abuelos de Tomás para la cena de Nochebuena. Iba a poner el motor en marcha cuando Tomás sale de su mutismo y me dice:
Mirá, papá, ese pobre perrito, ¡qué flaco está!
Me fijo donde me señalaba mi hijo y reconozco al cachorro por su inconfundible mancha negra.
Pero si es Pulquete, el cachorro que tiraron a la calle desde un auto. ¿Te acordás que te lo conté? Fue antes de que se perdiera Budy. Qué desmejorado está, pobrecito.
Mirá como nos mira, papi, como si quisiera venir con nosotros...
No, Tomás..., no podemos...
Quiero acariciarlo papá, por favor... ¡Vení, perrito...!
Yo sabía que si Tomás acariciaba a ese cachorro tendríamos que llevarlo a nuestra casa.
¿Pero cómo negarle ese gesto de ternura después de lo que había sufrido? Nos miramos resignadamente con mi esposa y asentimos en silencio.
Tomás bajó del auto y acarició efusivamente al cachorro. Había que verlo a Pulquete, estaba loco de alegría, movía la cola, le lamía las manos y la cara, saltaba feliz, se tiraba panza arriba.
Papá, está hambriento, tenemos que darle de comer.
Está bien, subilo al auto que lo llevamos a casa.
Tomás, entusiasmado y feliz como no lo habíamos visto en semanas, trató de inducir al cachorro a que subiera. Pero para nuestra sorpresa, Pulquete no avanzó. Se quedó parado expectante. Tomás insistió en llamarlo pero el perrito, lejos de subir al auto amagó con alejarse. Se puso a ladrarnos como si quisiera decirnos algo. Se alejaba de nosotros, se detenía y nos ladraba. Su comportamiento era muy extraño. Tomás intentó agarrarlo pero apenas se le acercó, el cachorro corrió para volver a detenerse y a ladrarnos varios metros adelante. Tomás quería ir tras él, pero se nos hacía tarde y no podíamos perder tiempo en los caprichos de un perro desconocido.
Dejalo, Tomás, es muy tarde, vamos a casa.
¡Papá, por favor...!
Subí, vamos a casa, está claro que no quiere venir con nosotros.
Puse el motor en marcha y Tomás se largó a llorar. Pulquete había vuelto a correr y ya había doblado la esquina.
Lo que sucedió a continuación todavía hoy nos emociona y no lo vamos a olvidar en nuestras vidas. El motor del auto se detuvo inexplicablemente y no hubo forma de hacerlo arrancar. ¿Qué pasó?, me dije inquieto, ¿Se habrá ahogado? Sí, seguro...; bueno, paciencia, tendremos que esperar un poco. Tomás lloraba en el asiento trasero y adiviné que mi esposa, con la cara vuelta hacia la ventanilla, también dejaba correr algunas lágrimas silenciosas.
En eso oímos unos ladridos familiares.
¡Papá, papá! gritó Tomás ¡Mirá! ¿Ese no es Budy?
¡Por el amor de Dios, sí, es Budy, es Budy! exclamó mi esposa
¡Era Budy ! Había reconocido el automóvil y venía corriendo desde la esquina a toda velocidad. Y detrás de él, ladrando entusiasmado, venía Pulquete, el cachorro abandonado que no quiso abandonar a su amigo y por eso había tratado de hacernos entender que debíamos esperarlo hasta que él lo fuera a buscar.
Y adivinen qué pasó cuando los dos perros estaban ya dentro de nuestro automóvil y todos llorábamos y reíamos de alegría: el motor arrancó apenas giré la llave. Fue como si algún ángel de Navidad, un ángel tal vez de los animales, ¿por qué no?, hubiera dicho con una dulce sonrisa: Bueno, ahora sí se pueden ir todos a casa a celebrar la Nochebuena"
Desconozco su autor
lunes, 19 de diciembre de 2011
Las zapatillas doradas
Faltaban sólo cuatro días para Navidad. Aún no sentía el espíritu de la ocasión, a pesar de que el parqueadero de la tienda de descuentos estaba repleto. Dentro de la tienda era peor. Los carros de compras y los clientes de última hora causaban atascos en los pasillos.
¿Para qué vine hoy a la ciudad? Me pregunté. Los pies me dolían casi tanto como la cabeza. Tenía una lista de varias personas que decían no querer nada, pero yo sabía que se quedarían ofendidas si no les compraba algo.
Comprar regalos no tenía nada de entretenido para mí. Estaba comprando para gente que tenía de todo, y los precios eran exorbitantes.
Llené mi carro de compras a toda prisa con esas cosas de último momento y me dirigí a las cajas. Escogí la que tenía la fila más corta, pero tendría que esperar al menos veinte minutos para llegar a la caja.
Delante de mí había un niño y una niña. El niño tenía unos cinco años y la niña era un poco menor. Él llevaba un abrigo harapiento y unos tenis viejos y enormes que sobresalían debajo de unos pantalones que le quedaban muy cortos. En sus manos, que estaban muy sucias, tenía varios billetes de un dólar todos arrugados.
La ropa de la niña se parecía a la de su hermano. Su cabeza era una maraña de pelo ondulado. En la cara se le veían restos de la cena. Llevaba en las manos un hermoso par de zapatillas doradas para la casa. Se oía música navideña en el equipo de sonido del almacén y la niñita tarareaba feliz y desafinadamente.
Cuando llegamos a la caja, la niña puso los zapatos con mucho cuidado sobre el mostrador. Los sostenía como si se tratara de un tesoro. La cajera marcó la cuenta.
Son seis dólares con nueve centavos -dijo.
El niño puso sus billetes arrugados sobre el mostrador mientras buscaba más en los bolsillos de su pantalón. Consiguió reunir 3 dolares con 12 centavos.
-Supongo que tendremos que devolverlas -dijo valientemente.
Volveremos después, quizá mañana.
En cuanto oyó eso, la niña dijo con un leve sollozo:
Pero a Jesús le habrían encantado esas zapatillas.
-Bueno, volveremos a casa y trabajaremos un poco más. No llores, volveremos después -le aseguró su hermano.
En ese instante le pasé tres dólares a la cajera. Esos niños habían esperado un largo rato en la fila, y a fin de cuentas, era Navidad.
De repente un par de brazos me rodearon y una vocecita exclamó:
-Muchas gracias, señora.
-¿A qué te referías cuando dijiste que a Jesús le habrían gustado esos zapatos? -pregunté.
El niño respondió:
-Nuestra mamá está enferma y se va a ir al Cielo. Papá dijo que es posible que se vaya a vivir con Jesús antes de Navidad.
La niña añadió:
-En la escuela dominical, mi profesora me dijo que las calles del cielo son doradas, como estas zapatillas. ¿No le parece que mi mamá se vería hermosa caminando por esas calles con zapatos del mismo color?
Los ojos se me aguaron al fijarme en la carita manchada por las lágrimas.
Sí -le respondi, no me cabe duda.
En ese momento le agradecí a Dios en silencio que se valiera de esos niños para recordarme lo que significa dar.
Helga Schmidt
¿Para qué vine hoy a la ciudad? Me pregunté. Los pies me dolían casi tanto como la cabeza. Tenía una lista de varias personas que decían no querer nada, pero yo sabía que se quedarían ofendidas si no les compraba algo.
Comprar regalos no tenía nada de entretenido para mí. Estaba comprando para gente que tenía de todo, y los precios eran exorbitantes.
Llené mi carro de compras a toda prisa con esas cosas de último momento y me dirigí a las cajas. Escogí la que tenía la fila más corta, pero tendría que esperar al menos veinte minutos para llegar a la caja.
Delante de mí había un niño y una niña. El niño tenía unos cinco años y la niña era un poco menor. Él llevaba un abrigo harapiento y unos tenis viejos y enormes que sobresalían debajo de unos pantalones que le quedaban muy cortos. En sus manos, que estaban muy sucias, tenía varios billetes de un dólar todos arrugados.
La ropa de la niña se parecía a la de su hermano. Su cabeza era una maraña de pelo ondulado. En la cara se le veían restos de la cena. Llevaba en las manos un hermoso par de zapatillas doradas para la casa. Se oía música navideña en el equipo de sonido del almacén y la niñita tarareaba feliz y desafinadamente.
Cuando llegamos a la caja, la niña puso los zapatos con mucho cuidado sobre el mostrador. Los sostenía como si se tratara de un tesoro. La cajera marcó la cuenta.
Son seis dólares con nueve centavos -dijo.
El niño puso sus billetes arrugados sobre el mostrador mientras buscaba más en los bolsillos de su pantalón. Consiguió reunir 3 dolares con 12 centavos.
-Supongo que tendremos que devolverlas -dijo valientemente.
Volveremos después, quizá mañana.
En cuanto oyó eso, la niña dijo con un leve sollozo:
Pero a Jesús le habrían encantado esas zapatillas.
-Bueno, volveremos a casa y trabajaremos un poco más. No llores, volveremos después -le aseguró su hermano.
En ese instante le pasé tres dólares a la cajera. Esos niños habían esperado un largo rato en la fila, y a fin de cuentas, era Navidad.
De repente un par de brazos me rodearon y una vocecita exclamó:
-Muchas gracias, señora.
-¿A qué te referías cuando dijiste que a Jesús le habrían gustado esos zapatos? -pregunté.
El niño respondió:
-Nuestra mamá está enferma y se va a ir al Cielo. Papá dijo que es posible que se vaya a vivir con Jesús antes de Navidad.
La niña añadió:
-En la escuela dominical, mi profesora me dijo que las calles del cielo son doradas, como estas zapatillas. ¿No le parece que mi mamá se vería hermosa caminando por esas calles con zapatos del mismo color?
Los ojos se me aguaron al fijarme en la carita manchada por las lágrimas.
Sí -le respondi, no me cabe duda.
En ese momento le agradecí a Dios en silencio que se valiera de esos niños para recordarme lo que significa dar.
Helga Schmidt
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